Mama y papa habían elegido ese lugar para vivir. Un pequeño pueblo. Keshia, mi hermana de 15 años, estaba extraña. Había cambiado muchísimo. Su piel blanca y sus ojos marrones, habían cambiado, su piel se había tornado más blanca, incluso que la leche. Sus ojos parecían un marrón tan intenso, que llegaba a parecer rojo. Su melena rubia era perfecta, igual que sus cejas...ella en sí parecía una muñeca de porcelana. Brad y Josh también eran así. Brad, igual que Keshia, rubio y piel tan blanca... y Josh, era moreno, como yo. Pero yo, al lado de mis tres hermanos, parecía fea. Ellos eran, prácticamente perfectos, al contrarío a mí. Brad y Josh eran mayores que yo, sin embargo, Keshia, no. Brad tenía 18, Josh 17, yo 16 y Keshia 14. Pero yo era distinta, distinta a mi padre, a mi madre, a mis hermanos, a mi hermana...y, no conocía a mi familia.
No entendía que era lo que en mi familia ocurría. Pero, simplemente, lo ignoraba. Hasta el día en que nos habíamos mudado aquí.
Me dí cuenta de que era diferente. Yo era diferente. Keshia siempre había estado conmigo, había sido mi amiga, mi confidente. Pero, desde que se había vuelto perfecta me evitaba. Siempre comía sola, aparte, no con ellos. Tenía un dormitorio arriba del todo. Me permitían tener lo que quisiera, siempre y cuando no les molestase. Y para colmo, no iba al instituto. Me sentía rara. Ahora me daba cuenta de que algo sucedía en mi casa. Algo extraño, nunca lo había notado. Pero, no sabía que.
Me dí cuenta de que era diferente. Yo era diferente. Keshia siempre había estado conmigo, había sido mi amiga, mi confidente. Pero, desde que se había vuelto perfecta me evitaba. Siempre comía sola, aparte, no con ellos. Tenía un dormitorio arriba del todo. Me permitían tener lo que quisiera, siempre y cuando no les molestase. Y para colmo, no iba al instituto. Me sentía rara. Ahora me daba cuenta de que algo sucedía en mi casa. Algo extraño, nunca lo había notado. Pero, no sabía que.
No hay comentarios:
Publicar un comentario